El melodrama es un género rico en emotividades extremas, cercanas a la biografía de todas las personas, trascendiendo culturas y generaciones; y que por ello produce identificación inmediata con el público.

Inagotable, el melodrama siempre se reinventa. Sudado es muestra de esto, ya que se trata de una historia cruzada entre hombres rudos pero muy humanos, arquetipos de la clase obrera y su relación con la patronal. Es una pequeña anécdota que podría desmenuzarse en diversas situaciones sobre cada personaje pero que muestra sólo un momento de encuentro: un restorán de barrio en construcción, dos albañiles que se conocen hace mucho tiempo y trabajan para un constructor severo pero paternal que acaba de morir. Su hijo es el que se hace cargo ahora, y la relación con los dos hombres no es la misma. Competencia, celos y la necesidad de diferenciarse. Los obreros son de diferentes nacionalidades, el nuevo jefe no parece tener la vida bien resuelta; y todos tienen deseos eternamente postergados.

Con actuaciones muy adecuadas a lo melodramático que exige la obra -entre la simpleza y la emoción-, con el texto sencillo y claro, la cumbia peruana y las acciones en el ambiente realista que construyeron en el subsuelo del teatro; Sudado es el preámbulo a una gran historia urbana contemporánea.