Una mesa doble, una notebook, wi fi, cuatro sillas. Así es la oficina pública de Ricky Pashkus, justo adentro de un bar frente a su estudio en el barrio de La Recoleta. Su vida se desparrama ahí sobre la mesa, tiene todo lo necesario, “hasta me dejan traer mi propia comida”, confiesa el anfitrión.

BAV: ¿Cómo debemos llamar a estos espectáculos?

RP: Creo que hay que entenderlo desde un lugar histórico. Yo fui tratando de hacer que el término cambiase de Comedia Musical a Teatro Musical, y te explico por qué. Comedia musical es un concepto que está atravesado de una gran complejidad simbólica, porque no se consideraba al género como nuestro y por otro lado no es una traducción literal de ningún otro idioma. Es típico de nuestra idiosincracia nombrar mal sin reconocerlo. La tradición del teatro musical es originaria de países como Inglaterra o Alemania donde lo llaman así. Nuestra influencia proviene de EE.UU, del Musical Theater de Brodway pero yo lo entiendo como una gran matriz donde encontramos el cabaret, la ópera, el music hall, incluso el ballet y por supuesto la comedia musical. El teatro musical es el gran paraguas de estos géneros. Entonces, creo que podemos hablar de las comedias musicales con sus características esenciales, en el marco del teatro musical. El teatro musical es narrativo, no es abstracto, eso es elemental en todos los géneros. No es poético, no trabaja con imágenes..

BAV: ¿Cuáles serían esas características propias de las comedias musicales?

RP: En una comedia musical hay un estilo de danza que deriva del jazz, hay roles que tienen características específicas: es raro que bailen con zapatillas de media punta o de punta a menos que el personaje lo requiera; si no todos usan zapatos… Y los vestuarios son del personaje, están connotados y no son abstracciones, son arquetipos culturales pero identificados con la historia que se está contando. Tampoco son símbolos universales, están contextualizados culturalmente. Además los roles no se cortan cuando bailan o cantan, me refiero a que cuando bailan no se ponen las zapatillas de media punta si interpretaron a un obrero toda la obra, por ejemplo. La ley de la comedia musical es que la acción debe avanzar, entonces las canciones y las letras no tienen que ser obstáculos para eso, no debe haber redundancia porque es ridículo y aburrido. A veces las canciones proponen los estados anímicos y los momentos de actuación son más narrativos, otras veces se complementan de otro modo. La música y la danza están en la trama porque no alcanzan las palabras…

BAV: Lo que sorprende de la comedia musical es esta amalgama perfecta entre todo lo que sucede en escena. Las canciones, las coreografías, las actuaciones, la visualidad, nada está abierto al azar.

RP: Sí, es la más colaborativa de las artes. La comedia musical es, en teoría, la articulación de la danza y el canto para que avance la narración porque sino serían decorativos. Cuando uno dice narración es concretamente un camino que en la pintura sería figurativo.. No se me ocurre un teatro musical sin una unidad narrativa, una historia que se cuente. La música y la danza en la comedia musical están en función de la acción, de la línea de acciones correlativas. Entonces, es colaboracionista porque es un arte interdependiente, requiere que se vayan cotejando unas áreas a las otras en el proceso narrativo.

BAV: Eso implica ¿gran disciplina?

RP: Es inevitable que el coreógrafo y el músico están sujetos al poder del director, y me refiero al poder en el sentido del organizador, el de la idea que ordena y da unidad. La comedia musical es un género muy ordenado ¡en donde manda capitán no manda marinero y todos felices! Porque eso funciona en beneficio de la unidad de la escena. Hay un gran respeto, eso se ve en escena y hasta en el saludo también.

BAV: ¿Existe la comedia musical típicamente argentina?

RP: En nuestra historia se reconocen el sainete criollo e incluso más adelante la revista -que es teatro musical no argumental- que tiene versiones actuales. Autores clásicos como Discépolo o Mores escribieron teatro musical y hoy reconocemos a Pepe Cibrián Campoy con su teatro musical épico, pero el que generó una particular impronta fue Hugo Midón que hizo un teatro más poético, jugó con la abstracción incluso, por ejemplo convirtiendo a los objetos en personajes como excusa para hablar de los grandes temas de la vida. El teatro musical argentino joven se distingue por la dramaturgia que mezcla estas dos corrientes, la de Campoy y la de Midón, con la norteamericana que es más literal. Los musicales argentinos en general son muy sensoriales, son historias que reniegan de los antivalores de la sociedad contemporánea que pretenden contagiar energía positiva. AC

 

 

Hiperkinético

Es uno de los más fructíferos directores del teatro musical mundial, y además de montar sus obras, coreografiar a pedido y girar por el mundo dando clases y conferencias sobre Comedia Musical y Composición Coreográfica le queda tiempo para sus ocupaciones acá donde tiene un estudio junto a al actor y director Julio Chávez. Dirige el ballet de la Fundación Julio Bocca, es director artístico de la Escuela Julio Bocca-Ricky Pashkus, director de la Escuela CIPAE de La Plata junto a Juan Mallach y en breve dará clases en el Centro Cultural San Martín.

Actualmente prepara “Te quiero, sos perfecto, cambiá” a estrenarse en el Multiteatro a fines de agosto, “Primeras damas del musical” que será un concierto en el Gran Rex a mediados de diciembre y junto a Pablo Gorlero organiza los Premios Hugo al Teatro Musical. www.rickypashkus.com.ar