Es un invierno crudo, crudísimo. Buenos Aires, nuestra Buenos Aires querida, permanece bajo un manto helado. Sin embargo, este solsticio vino acompañado de una noticia que le puso color al manto gris que cubría la ciudad y desintegró tanto hielo: volvió el circo, y con él, la alegría primaria, la de la niñez. Sí, en el rincón más nuevo, el barrio más moderno de la city, en Puerto Madero, levantó su carpa (¡gigantesca!) el circo Servián, con un espectáculo renovadísimo y bien diferente del de antaño. El ala joven de la familia Servián dejó atrás la polémica de animales sí o animales no dentro del espectáculo (en realidad, triunfó el no), sacudió las lonas de la carpa y a otra historia. Y en esta nueva etapa, no están solos, hay alguien más de la familia cirquera, para soñar, para explorar, para armar un show fascinante: Flavio Mendoza, el bailarín, el coreógrafo, el artista de circo, cuenta:
“A los Servián los conocí en el mundo del circo y nos hicimos muy amigos. Diría que son como mi segunda familia, no solamente porque ahora trabajamos juntos, sino porque están y estuvieron en los momentos más difíciles de mi vida”.Bajo el signo de esta gran amistad, con el apoyo de Jorge y Elena Servián, los padres de la gran criatura (descendientes de aquellos yugoslavos que, en 1912, crearon este circo), y  de la mano de sus hijos, Cristian (el director general), Ivana, Ginett y Gabriela, y de Flavio, el director artístico, nació esta nueva versión de un entretenimiento familiar tradicional:“Con los hijos de Jorge, queríamos venir a Buenos Aires, hacer un gran espectáculo, conquistar esta ciudad. Dar vuelta la palabra “circo”, ponerla en un buen lugar, tener lo nuestro a un gran nivel. Esto no se hizo para ganar plata, lo hicimos por amor al espectáculo, y esto trae aparejada la ayuda de mucha gente. Una de las propuestas nuestras era poner una entrada accesible para todo el mundo. Ya basta del espectáculo elitista.”
Y sin dudas, tanto en la etapa de proyección como en la de la realización, el espíritu circense corre por las venas, se instala en el corazón y siempre aflora. Hay dedicación, hay lucha, porque cada uno de los que participan tienen de donde abrevar: “Soy quinta generación de artistas de circo. Mi mamá, mi abuela, mi tatarabuelo eran de circo. Mi papá no. ¿Qué hacían? Mi mamá perteneció a ese circo de antaño, el típico de carpa de lienzo que se bajaba y enrollaba todas las noches porque se podía volar.  La mitad del espectáculo era una obra de teatro, y la otra, un número circense. Mi mamá, Zulma, era equilibrista y también actriz, ya que  hacía la obra de teatro. Mis padres se conocieron en el circo. Mi papá, entrerriano, de Nogoyá, fue a una función cuando el circo llegó a su pueblo, y al ver a mi mamá, se enamoró perdidamente de ella (bien de película). Se casaron, y pronto mi papá, que no tenía habilidades de artista circense, se convirtió en el portor (el fuerte que sostiene al otro en el trapecio), y luego, se dedicó a la parte administrativa”.Ser del circo, pertenecer a esa raigambre de artistas que nacieron entre los palos, la carpa, la arena, que respiraron el aire de la aventura de ser de aquí y de allá. Algo más en común para apuntalar los sueños: “Nací en Entre Ríos, en Nogoyá. En realidad, la gente de circo nace donde le toca. Una de mis hermanas nació en el Chaco, porque ahí estaba el circo (tiene tres hermanas mayores, Patricia, Adriana y Silvina). Cuando yo tenía la edad de empezar el jardín, nos fuimos con el circo a Brasil. Fui a un colegio brasileño y el primer idioma que aprendí fue el portugués. Estuvimos 4 años girando por todo el país, y nos vinimos cuando tenía 8 años. ¿Qué hacía yo en el circo? Era el más chico de la familia y el más consentido. Era terrible, no quería ensayar, y negociaba. Pero me prepararon en todo. El circo te hace más fuerte. Por eso es que es el primer espectáculo. Te forma tanto en la actuación como en la danza, en la acrobacia. Te enseñan a dominar el cuerpo, a maquillarte, a pararte, a proyectarte”.La propia experiencia cuenta a la hora de crear un espectáculo, y esto se nota en la pista del Servián. Sobre la arena de este circo moderno desfilan bailarines (ellas y ellos) glamorosos, graciosos, rutilantes; acróbatas jóvenes que entusiasman con sus saltos y giros en el fast track y la cama elástica; trapecistas que, a gran altura, enmudecen al público con sus arriesgadas destrezas; una contorsionista y un acróbata que se adueñan de la escena al mostrar flexibilidad y dominio sobre su cuerpo. Y hay más para maravillar: los dos muchachos que se mueven en el péndulo, desafiando las leyes de gravedad, la pareja que, en la percha, hace alarde de fuerza, equilibrio y coraje. La clave está en la selección de cada número: “Todo está hecho en conjunto, buscábamos un cierto estilo de números para formar el espectáculo. Yo soy muy loco cuando pienso los espectáculos. Este empieza con cuatro personajes que introducen y que representan, según su personalidad y según como los veo yo, a los cuatro hermanos: algo más angelical, una especie de diablo que en realidad es un personaje oscuro pero que, a la vez, no es malo, una coneja soñadora y un  príncipe que enamora a todo el mundo. La historia del mago (el mago es Cristian) la pensamos como la venganza del conejo hacia quien siempre lo sacó de la galera. También hay números para los que trajimos artistas del Cirque du Soleil, como Gastón Elie (trapecista argentino), Claudia Allegria, la contorsionista mexicana o la pareja de Las Vegas que brilla en la percha”.Entre las múltiples novedades del Servián, está el aggiornamiento de algunos números, más que tradicionales, antiguos y eternos: “Otra de las cosas distintas es el Globo de la Muerte (cuatro motociclistas a toda velocidad recorren el globo, cruzando sus caminos peligrosamente). Este número existía cuando yo era chico, pero el globo estaba ubicado a un costado del circo. Yo, caprichoso, quise que el globo entrara desde atrás. Hice todo un escenario nuevo para que el globo irrumpa en escena desde ese lugar, que esté en el escenario. Lo tienen que armar a una gran velocidad, y creo que eso le está sumando espectacularidad. El circo también se había quedado en la Argentina”.Aquel proyecto soñado está marchando. Fueron años de gestación, tres meses fuertes de armado y ensayo en su emplazamiento actual. Según Flavio, en estas vacaciones de invierno, fue el segundo espectáculo más visto. Y ya están listos para iniciar su gira nacional, que empieza en Mar del Plata y sigue por las capitales de varias provincias. El año próximo, llegará la gira internacional para que en otras latitudes puedan disfrutar del arte circense moderno y criollo a la vez, bien nuestro.
ABEntre proyectos y sueños

• “El 70% de la música del espectáculo ha sido creada especialmente. Desde la imagen de la gráfica hasta la música, yo no quería ni ser el Cirque du Soleil ni el tradicional. Entonces, fue una fusión de muchas cosas producto de mi experiencia de tantos años”.
• “No quise el palco tradicional. Les dije: pongamos unos sillones confortables como de living. Así es como si estuvieras en tu casa. El espectáculo terminó siendo como una gran pantalla en vivo”.
• “Me gustaría que la gente se preguntara con qué espectáculo viene el Servián este año. Que el nuevo show tuviera otro título, por ejemplo, Servián Ilusion. Que la gente esperara este circo como antiguamente esperaba la llegada del de Moscú”.
• “Estamos hablando con unos artistas rusos que quiero incorporar con un contrato de dos años. Se está tratando de trabajar de una forma más ambiciosa, como lo hace el Cirque du Soleil”.
• “En el circo hay cuatro personas de mi escuela, ya están trabajando. Eran los más talentosos y que, en menos de un año, ya tuvieron salida laboral”.

Trabajo = pasión

“Mi pasión es mi trabajo. Más que trabajo, son mis amores. Por ejemplo, para mí, el haber concretado tener mi estudio (Amenábar 1893, CABA) con tres pisos, con ascensor, con parquet flotante, con la parte de acrobacia en el último piso, en un espacio de 8 metros de altura para poder hacer todo lo que quiero, es algo maravilloso. Cuando veo a los nenes que van a aprender y avanzan, me emociona hasta las lágrimas. Son las semillitas. Me encantaría que cuando me retire tuviera algún alumno que siga mis pasos o que sea un gran acróbata, un gran bailarín o las dos cosas. ¿Un sueño? Una asignatura pendiente es trabajar afuera. En realidad, lo que quiero es armar un espectáculo, tipo el Servián, pero mío, que tenga un nombre, hacerlo en teatro, fusionar todos mis conocimientos de música, de danza, de acrobacia. Hacerlo en Buenos Aires y sacarlo al mundo. Es mi gran sueño”.

La estructura

En este circo trabajan 140 personas, y es el primero en presentar una carpa tensionada, realizada por computadora en Italia. Su lona plástica es antiflama y resiste vientos huracanados de hasta 150 km/h. La sala tiene capacidad para 2500 espectadores, en butacas anatómicas, francesas. Para su traslado, se utilizan 30 semirremolques que circundan el circo.